"En la particular guerra civil que afirmaba albergar en su conciencia Luis Muñoz Marín, la penuria del jíbaro y la miseria de los campos primaron sobre los enredos teóricos, entendiéndose aquí aquéllos referidos al status político de la Isla. Según estas confesiones personales en sus Memorias, el fundador del Partido Popular Democrático no pensaba en el pueblo como entidad jurídica, sino como gente de carne y hueso que sufre y aspira; que desespera y espera. Su retrato abrazando esperanzado al jíbaro con camisa blanca y pava sobre la cabeza, de sincera sonrisa y devota mirada es, en este sentido, particularmente explícito. Por otra parte, la facción opuesta de su particular pugna nos llega representada, simbólica y excepcionalmente, por su pose, de mayor acento protocolario y seriedad circunstancial, entre el Coronel Conrad Hilton y del patriarca financiero David Rockefeller, en la inauguración de una nueva sucursal del Chase National Bank en 1951. Con la reiterada ausencia de contacto físico en su retratos oficiales y sin cruce apenas de expresión con los altos mandatarios americanos, Muñoz Marín reitera su mirada directa a un espectador anónimo -quizás el pueblo, quizás nosotros años después- transformando su figura en una efigie pétrea, hierática e impenetrable, aparente -o seguramente- resignada ante el curso de la historia." -Laura Bravo López, Ph.D.